El león, la muerte y los valores

El león, la muerte y los valores

Hoy es domingo y pensé en tomarme el día, sin escribir, sin reflexionar demasiado, para dar descanso a mi cabeza. Pero la foto de Vanucci / Garfunkel, el león muerto y la risa satánica de estos dos energúmenos reverberan en mi cabeza y llevan mis dedos hacia el teclado en una mezcla de sensaciones difícil de describir. Estoy dolida. Asqueada. Me siento impotente ante las fotos del asesinato cobarde del rey león. He llegado a pelearme con personas muy cercanas por esto de la caza. No encuentro justificativos a este tipo de “deportes”. Deporte es algo que se elige. Si alguien quiere llagarse los pies corriendo una maratón, es su decisión personal. Recibir un balazo no tiene nada de deportivo, ni de caballeros. Más bien, es de mala persona. Lo mismo pienso de las corridas de toros, de las carreras de galgos, de las riñas de gallo y podría seguir horas… Pregúntele al galgo si quiere ser drogado y arrastrado por una camioneta para “entrenarse”. Pregúntele al hipopótamo si quiere que lo baleen y le corten la cabeza para que algún “excéntrico” adorne su living. Pregúntele al toro si quiere ser apuñalado para que un imbécil salga en las revistas con el apodo de “matador”.

Volvamos a la reina Victoria y a su marido. No suelo hablar de la vida de los otros porque, entre otras cuestiones, no me gusta que se metan en mi vida personal. Pero acá hay algo que trasciende la esfera íntima y las fotos sólo lo exponen. Una matanza vil, una sonrisa sardónica, un habano humeante que transmiten un mensaje inmundo: “con plata todo lo compro”. No señor. El dinero no compra valores. El dinero no necesariamente te hace buena gente. El dinero no te da impunidad para cagarte en todo y en todos. Podés tener dinero, claro, y ser buena gente, tener valores y empatía. Este no parece ser el caso, todo lo contrario.

La reina Victoria se floreaba en los medios como si fuera la dueña del mundo. Quisiera recordar a todos los que ostentan actitudes parecidas que venimos desnuditos y nos entierran, creman o lo que sea de igual modo. El resto son ornamentos, objetos, cosas, disfraces. El resto es distracción de una cuestión fundamental: estamos de paso. Nos vamos a morir. Antes o después, todos envejecemos, nos enfermamos y morimos. En ese orden u otro. Pero el final es inexorable. Morir de un balazo cobarde es otra cosa. Eso es lo que me revuelve el estómago hace días.

Veo hechos que me desgarran el alma, todos los días en las noticias: muertes, asesinatos, injusticias… Trabajé en noticieros la mayor parte de mi vida y fui testigo presencial de tanta tragedia. Hoy, en lo personal, no tengo espacio para más dolor y me alejé de las noticias “duras”. Esta es una de ellas.

Quisiera sentir compasión por esta mujer tan pobre de alma y su marido, tanto o más carente de humanidad que ella. Prometo trabajar internamente para que mi bronca se transforme en compasión. Mientras tanto, espero que la foto satánica del león muerto y la vil sonrisa de esta gente sirvan para algo. Para que tomemos consciencia que todo ser vivo siente. Que nadie es nadie para quitar la vida a otro. Que el dinero es un medio que, cuando se utiliza bien, salva vidas, ayuda, da trabajo. Cuando se utiliza sin que medie ningún tipo de valores puede matar, dejar a personas sin trabajo, sin comida, destruir familias.

Pido a mis colegas de los medios que reflexionemos. Pensemos a quienes damos lugar en el aire, “destacamos” en entrevistas, etc. Espero que esta mujer no aparezca más en la televisión con su sonrisa sobradora, con sus aires de diva, con su suficiencia de billetes. Porque no podré evitar acordarme del pobre animal que pagó con su vida este capricho asesino de gente que no sabe qué hacer con la plata. Ojalá tanta oscuridad nos sirva para echar luz sobre nuestros valores. Que todos entendamos de una vez y para siempre que una vida es una vida, sea de un animal o de una persona. Que digamos basta al maltrato humano y animal. que reveamos los valores de esta sociedad que suele priorizar lo material a lo espiritual. Que la muerte del león nos sirva para evolucionar un poquito más

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Este artículo tiene una opinión
  1. Claudia Peres a 12:12 pm

    Hola Valeria! está de más decir que como cualquier persona “normal”, estoy totalmente de acuerdo con vos. También trato que no me invada la furia, busqué explicaciones qué puede llegar a hacer que las personas lleguen a éso: su vacío espiritual, su aburrimiento, sus egos enormes, o tal vez alguna sustancia tóxica que los lleve a ser tan perversos que necesiten ver sangre y dolor en un ser ajeno, como ocurre con los violadores, asesinos étc También pensé en la ley del karma y étc, étc. Esos animales ya no están, pero los que practican esas sangrías perversas, les queda vida…y seguramente, el tiempo se encargará de ellos.
    Gracias por tus comentarios Valerianos!!! Se necesitan más Valerias en este mundo!!!!

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Valeria Schapira

Es Licenciada en Comunicación Social, Posgrado en Radio y Televisión en Inglaterra con una beca de The British Council y Traductora de Inglés. Periodista y escritora, se desempeña desde 1992 en radio, televisión y medios gráficos. Fue corresponsal desde Europa y se especializó en la BBC de Londres y Televisión Española de Madrid. Produjo y condujo documentales, noticieros, programas de entretenimiento e infantiles para medios audiovisuales, realizó guiones y textos para series y producciones y recibió premios varios, entre ellos el Fund TV. Valeria lleva publicados dos libros de entrevistas periodísticas y ocho sobre vínculos y motivación. Sus títulos incluyen a “Los muertos de mi placard”, “Hombres, Manual de la Usuaria”, “Monólogo de una mina sola” y “Tengo 40… ¿y qué?” Actualmente se desempeña como conductora de radio y televisión, speaker y columnista en la Web y en publicaciones de la Argentina y el exterior. Desarrolla formatos y contenidos para radio y televisión, blogs, social media y conferencias. Es referente en vínculos y experta en relaciones del sitio Match.com para América Latina. En abril de 2015 presentó su libro, “Dolores del alma, un viaje del dolor al buen amor”, éxito de ventas, ya por su segunda edición.