Todo lo que me molestaba de mi madre (lo que hoy extraño)

Todo lo que me molestaba de mi madre (lo que hoy extraño)

No puedo evitar escribir sobre mi madre cada día de la madre. Ese día que las empresas aprovechan para atiborrar a las familias de propuestas de de celulares, batidoras, días de spa y gift cards a pagar en veinticinco millones de cuotas. Ese día que los que no tenemos madre querríamos compartir en presencia. Seguramente, cuando miramos hacia atrás “el tema” familiar también era donde comemos, qué le regalamos, en lo de quién la pasamos… porque de esos detalles se constituye la vida, ¿no es cierto? Y son los detalles los que quedan con el tiempo, como algunas fotos en papel, cuando el paso de los años comienza a desdibujar los recuerdos.

La verdad,  ni recuerdo esos debates familiares. Perdí a mi madre cuando ella era tan joven que no estaba en los planes de nadie que muriera. Menos aún, supongo, en los de ella misma. Cuando mi madre murió, todavía estaba yo en la edad en la que todo de ella me molestaba, esa etapa imberbe de la juventud en que creemos que nos la sabemos todas. Yo, intelectualoide amateur, no entendía, por ejemplo, porqué mi madre había dejado su brillante carrera universitaria para dedicarse a criarnos a nosotras, por ejemplo. Vaya ofrenda.

Tampoco concebía su entrega absoluta a mi padre, seguramente porque ignoraba que los pactos de amor se escriben de a dos y los de afuera son de palo. Mi madre era una idische mame moderna “llevateelsaquitoporsirefresca”, algo que para un joven puede resultar absolutamente irritante. Cuando ya tenés edad de ser madre, te encantaría que alguien te cuide y te recuerde que por ahí refresca, que el mundo y su temperatura no son siempre amables.

Mi madre era la que cocinaba para nuestros grupos de amigos – nunca menos de diez – que se daban cita a reír, comer y sentirse en casa en la nuestra. Seguramente, la casa de mi madre era mucho más hogar para muchos de ellos que la suya propia.

Mi madre trataba de que todo fuera funcional – aunque bien sabíamos todos que no lo era. Cuando me mudé sola a mis 20, en un acto de rebeldía y búsqueda de libertad, sin más dinero que para hervirme arroz blanco, mi madre entraba “de canuto” cuando yo no estaba para dejarme tuppers con alimentos suculentos. Supongo – aunque no recuerdo bien – que yo lo sentiría como una “invasión”. Hoy moriría por una comida de hogar, bien hecha. Seguramente, si mi madre viviera, ya sería una experta en hacer panes sin gluten.

Mi madre pagó con su vida los azotes que la existencia le propinó. Era una mujer de una sensibilidad extrema que, como el buen cristal, que se resquebraja ante los cimbronazos. Hoy, a la edad de mi madre, entiendo cosas que no entendía entonces. No le regalaría una batidora sino un café de mujeres en el que le diría que la entiendo tanto, que la honro y le daría gracias por, nada más y nada menos, que darme la vida. Esta vida.

Veces compartido
Este Artículo tiene 6 opiniones
  1. Gaby a 8:40 am

    Supongo por mi experiencia y la de otras madres que lo más difícil es darles la libertad a los hijos cortar ese cordón umbilical que en mi caso es más imaginario que otra cosa ya que mis hijas son adoptivas. Tenerles la confianza suficiente como para soltar de que no nos necesitan para estar bien y hacer sus vidas. Que así es la vida deben dejar el nido y volar. No sé por qué uno piensa que dependen de nuestras decisiones las suyas de que no van a ser felices si no lo hacen a nuestro modo. Esta creo que es la prueba más grande que me toca en la vida por eso te pido no te pongas mal por tu lucha por la independencia así debe ser y ha sido a lo largo de los siglos. Ellos nuestros hijos saben qué hacer cómo hacer y cuando a su ritmo no al nuestro un cariño de rosarina a otra. Gaby

  2. Monica Packer a 8:18 pm

    Hola Valeria. Como todo en la vida te encontre de casualidad….papa fallecio hace apenas dos meses y tb es aplicable a el. Voy a leer otros articulos tuyos!!!.
    Gracias!!!!
    Monixa

  3. Alicia a 2:03 am

    Qué hermoso recuerdo! Como no creo en las casualidades, encontraste este texto por algo, tal vez necesitabas un mimo de tu mamá ese día, como vos, muchas veces renegué de sus cuidados, bastante obsesivos y ahogantes por cierto, como Claudia, tuve una madre depresiva, hoy el diagnóstico tal vez sería, como el mío, “trastornos de ansiedad”, no fue fácil independizarse, lo sé… hoy, con la experiencia que dan los años, habría hecho muchas cosas de otro modo. Cuando murió me enojé mucho, tardé casi dos años en poder recordarla sin rencor, sin enojo. Hoy, con mi .
    “nido vacío”, la comprendo y la extraño, querría sentarme a tomar unos mates como tantas veces y como tantas otras en que el vértigo de la vida me lo impidieron. Pero la vida a veces va a destiempo, y las soledades no siempre se comparten con unos mates amargos
    Cariños y mi admiración de siempre

  4. Jesica a 10:38 am

    Bueno, al menos la tuviste bien, mi mamá vive y con 63 todavía me sigue odiando, me echo cada día que viví en su casa, casi me criaron mis abuelos, que le pasa? no se supongo que fue un comportamiento por herencia… su madre hizo lo mismo con ella. Yo tengo tres y trato de ser como tu madre, a veces me es muy difícil, pero siempre trato de que sean felices, se vayan abrigado, coman sano y rico… se sientan amados y conprendidos. Me alegra que hayan podido disfrutar a sus mamás, yo quiero ser una de esas!

  5. Claudia Peres a 3:57 pm

    hermosa Valeria, siempre tan precisa y dulce en tus comentarios. Casualmente ayer viendo una mantita a Crochet, que mi mamá tejió, y se la “robé”, miraba cada punto y la recordaba. Qué pensaba mientras lo hacía como terapia contra su depresión. Mi mamá era ausente, en esas épocas no diagnosticada, y estaba en su mundo…tuve la suerte de unos meses antes que falleciera, dormir con ella en esa cama soñada de dos plazas. Ya mujer grande yo contaba con 44 años, pero me sentí tan mimada! Fue como si hubiese intuído que a los meses se fuera de este plano. Y hoy como mamá, también quisiera que mi hijo se sentara conmigo a tomar unos mates con facturas. Ese es el mejor regalo y ya se lo pedí, además de abrirse camino y hacer lo que lo haga feliz. Porque ser, es mejor que tener.

    • Valeria Schapira a 8:15 pm

      querida Claudia, hermoso recuerdo… la experiencia, como dijo alguno es un peine que nos dan cuando ya estanos calvos. Ojalá puedas disfrutar ese mate con tu hijo. Cariños y feliz dia

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Valeria Schapira

Es Licenciada en Comunicación Social, Posgrado en Radio y Televisión en Inglaterra con una beca de The British Council y Traductora de Inglés. Periodista y escritora, se desempeña desde 1992 en radio, televisión y medios gráficos. Fue corresponsal desde Europa y se especializó en la BBC de Londres y Televisión Española de Madrid. Produjo y condujo documentales, noticieros, programas de entretenimiento e infantiles para medios audiovisuales, realizó guiones y textos para series y producciones y recibió premios varios, entre ellos el Fund TV. Valeria lleva publicados dos libros de entrevistas periodísticas y ocho sobre vínculos y motivación. Sus títulos incluyen a “Los muertos de mi placard”, “Hombres, Manual de la Usuaria”, “Monólogo de una mina sola” y “Tengo 40… ¿y qué?” Actualmente se desempeña como conductora de radio y televisión, speaker y columnista en la Web y en publicaciones de la Argentina y el exterior. Desarrolla formatos y contenidos para radio y televisión, blogs, social media y conferencias. Es referente en vínculos y experta en relaciones del sitio Match.com para América Latina. En abril de 2015 presentó su libro, “Dolores del alma, un viaje del dolor al buen amor”, éxito de ventas, ya por su segunda edición.